lunes, 11 de noviembre de 2013

Syth Mornis



Nadie habla de Syth Mornis así en mi casa de empeños. Tienes suerte de ser uno de mis clientes habituales más fieles. Habría tenido que llamar a Gotmog si hubiera sido de otro modo.

Con un pulgar gordo, que llevaba un caro anillo de un gusto extremadamente malo, el prestamista señaló hacia la puerta del local. La enorme figura del ogro dormitando sentado en un taburete podía entreverse a través de un mugriento ventanuco.

Syth Mornis es un héroe, un espíritu visionario. Y un hombre muy atractivo.

El obeso usurero se humedeció los labios. En sus ojos, la admiración parecía luchar contra la avaricia.

Los rumores que acabas de decirme son calumniosos. Y se de lo que estoy hablando: él visitó mi negocio, er, hacia el final de la primera de este mes(1). Oh, menuda historia...

El gordo usurero parecía transportado por una energía renovada, un fervor poco común en su gremio. Se sentó en un barril y empezó a contar su historia...

En las calles, los transeúntes están preocupados o hambrientos, y siempre cruzan cuando ven el discreto símbolo de nuestro gremio. Aquellos que requieren nuestros servicios saben donde encontrarnos: no hay necesidad de anuncios ostentosos. Al contrario, los clientes que entran aquí prefieren no alardear sobre ello.
En el cuarto día de la primera de Decarde... divisé a un hombre de gran porte caminando en esta dirección. Era, sólo los dioses y él mismo saben cómo, a la vez discreto y vistoso, con mucho estilo y a la vez no destacaba en la multitud, peligroso pero no amenazante. 
Sus pasos le llevaron, como si estuviera conducido por un destino manifiesto, a mi ennegrecido y sucio local. Este caballero de cara pálida alzó unos ojos increíblemente claros hacia la primera planta de mi establecimiento, parecía estar descifrando el rótulo medio borrado que acostumbraba a estar ahí.
En las calles siempre hay algunos canallas a la búsqueda de una presa fácil. Ese día estaban observando la hoja que llevaba este hombre. Desde mi mostrador podía sentir la tristeza emanada desde el arma. 
Su acero debe saber a muerte inevitable. Cuando el viento silba en él, te recuerda a gemidos de agonía... Una invitación a la paz eterna. Si las espadas pudieran llorar, estoy seguro que ésta lo haría. 
El más espabilados de los malhechores que merodeaban aquel día se había percatado de la pistola medio oculta bajo un pliegue del elegante abrigo. El arma alimentaba mi codicia... Lo poco que queda de puro en mi alma se estremeció. Los diseños de oro en el cañón de gran tamaño me hechizaron. La deseaba tanto... la acaricié lascivamente en mi imaginación mientras la miraba, sí... pero los repugnantes arabescos de oro estaban ahí para advertirme de un dolor y desgracia eternos, si alguna vez osara poner un dedo sobre tan prodigiosa arma. Me vi obligado a apartar la mirada.
Así de fuerte es el aura de Syth Mornis, emisario del gremio de usureros.

Entró en mi establecimiento. Una vez dentro, su expresión grave cambió ligeramente. Estaba en su casa aquí, tanto como yo mismo.
Sé que este lugar es lo más cercano a un hogar para él. El gremio es su hogar, su razón de ser, su propósito y su pasión; y nosotros, los Usureros, lo sabemos. Nuestros establecimientos forman una red de confortables, fiables y bien conocidas casas en las que él puede relajarse. El mío entre otros.
Nunca había visto a Syth Mornis, pero lo reconocí en el acto. Me apresuré a ir a su encuentro. Colgué su abrigo; le ofrecí el mejor asiento en mi local, el que está reservado para los grandes negocios. Le serví mi mejor licor, el que es agradable para el paladar pero no adormece la mente. Debo decir... estaba asustado. ¿Por qué había venido aquí?
Con unas pocas palabras, Syth me tranquilizó, como si fuéramos viejos amigos que se reencuentran después de mucho tiempo. Con una frase me dio confianza; con la siguiente me sedujo. El miedo volvió a mí cuando estaba a punto de hablar del propósito de su visita. 

“He acudido a ti en relación a un asunto delicado, para el cual necesito tu cooperación. Un cliente, miembro del gremio de Orfebres, va a venir. Tiene dificultades financieras, y nuestro gremio va a ayudarle.”
No me dio tiempo a sorprenderme. “No tienes de que preocuparte. Estaré aquí, en la parte de atrás, para asegurarme de que todo marcha según lo previsto. Tu tarea es delicada, Fractus. El éxito de esta importante transacción depende mucho más de ti que de mi.”
Le pregunté qué es lo que había que negociar.
“Quiere empeñar su lealtad”, me dijo.
Casi chillé de terror. Mornis se percató del miedo que invadía cada pedazo de mi alma. Debe haberlo visto tantas veces antes entre prestamistas desconocidos como yo.
Estoy orgulloso de mi oficio, te lo aseguro, pero no poseo la visión ni la confianza, mientras que el emisario resplandecía con resolución infalible. Sabía que su causa era justa, que actuaba del modo que debía hacerlo. Pasó esa convicción hacia mi. Recobré mi compostura. Cuando el orfebre vino a mi casa de empeños, Mornis se mantuvo cerca y yo me sentí reconfortado por la resolución que irradiaba este atento y fiel centinela. 
El nuevo cliente era blando. Estaba angustiado y no tenía otra opción que pedir ayuda a sus peores enemigos. Una mezcla de decisiones desacertadas y mala suerte le habían llevado a esta terrible y embarazosa situación. No podía pedir ayuda a sus colegas pues habría perdido su posición. Pero necesitaba desesperadamente ayuda. Nosotros íbamos a proporcionársela. 

La historia del prestamista se detuvo súbitamente cuando Gotmog el ogro entró. La enorme criatura se había movido con un sigilo y una velocidad increíbles. Ambos hombres, perdidos en su conversación, no lo habían oído acercarse.

¡Syth le habló también a Gotmog! -  Berreó el ogro con sorprendente entusiasmo. - Syth es amigo de Gotmog. ¡Confió en mi!.

Fractus arrugó la frente mirando a su guardia mientras intentaba comprender lo que sucedía.

- ¡Gotmog también contará lo le que dijo Syth!

Desconcertado por el entusiasmo infantil del ogro y su enorme tamaño, los dos hombres dejaron de hablar y escucharon la historia en silencio.

La negociación va bien. ¡Gotmog podía verlo! Mi amo, prestamista Fractus, no es muy listo. No es muy valiente, pero tiene experiencia. El orfebre le cuenta su vida, y sus problemas están en buenas manos. Por eso a Syth y a Gotmog les gusta nuestro gremio. Si, no hay compasión para los malos pagadores. Si, se lleva todo hasta el último klû(2). Pero incluso si el gremio es cruel, ayuda a la gente. El gremio es hijo de Cadwallon. El gremio de Usureros es como una hermosa dama ogra, feroz; devora a sus hijos, pero sólo para sobrevivir(3).
Syth viene a la parte de atrás y despierta a Gotmog. Pero Gotmog no duerme, ¡está vigilando! Gotmog es una pobre criatura, ha recibido muchos golpes en la cabeza, así que todos creen que duerme. Incluso si Gotmog es estúpido, Gotmog sabe que es tan miembro del gremio como el amo Fractus. Gotmog se vuelve violento cuando se enfada. Leal a mis amos, Gotmog siempre ha guardado la entrada de la casa, nunca a mirado adentro porque Gotmog no entendería. ¡El amo Fractus de lo dice a menudo!
Syth habla bien. Gotmog comprende todo lo que Syht le dice y confía en él. Hablamos de peleas y sitios donde buscar pelea. ¡Gotmog aprende un montón! Syth sabe movimientos secretos. ¡Sus propios golpes maestros!
Syth le dice a Gotmog lo que quiere de él. Gotmog es feliz: ¡lo entiende a la primera! Gotmog siente que Syth sabe como comandarlo todo, incluso a los brutos más densos. Como Gotmog.

El ogro dejó de narrar su historia un instante, ordenando sus pensamientos antes de proseguir.

Ahora Gotmog terminará la misión. ¡Y Syth Mornis estará contento! Syth dice que Fractus habla demasiado. Gotmog vigila a Fractus y detiene a los que les ha hablado. Syth dice que una lección es bastante para que Fractus aprenda.

Mientras pronunciaba estas palabras, el ogro cogió al cliente de Fractus vigorosamente. Una corta hoja brilló brevemente en la mano libre del ogro. Con una rápida puñalada abrió al hombre en canal, sosteniéndolo por encima del suelo. Ya ahogándose por la presa de Gotmog, el desafortunado hombre meramente gimoteó mientras su vida, junto con sus entrañas, salpicaban el suelo de la casa de empeños.

* * *

1: En el calendario cadwë los meses tienen tres semanas (primera, media y última).
2: El klû es la moneda oficial del Imperio de No-Dan-Kar, como los goblins son los mayores comerciantes de todo Aarklash se utiliza como baremo en las transacciones internacionales.
3: Los ogros son inmortales mientras vayan devorando otros ogros que tengan relación sanguínea con ellos mismos, por este motivo los ogros suelen seleccionar un “padrino” de otra raza para que críe a sus hijos pequeños hasta que éstos puedan defenderse, así evitan la posible tentación de devorarlos.

Traducida por Winterblue
Fuente: Cry Havoc nº12

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